José María Del Rivero

1918-2006

El día 2 de agosto de 2006 fallecía en Valencia Don José María del Rivero Alcañiz, doctor Ingeniero Agrónomo,  catedrático y profesor emérito de la Universidad Politécnica de Valencia, docente, investigador, divulgador y experimentador infatigable, cuyas aportaciones, fundamentalmente en el ámbito de la defensa de las plantas cultivadas, impulsaron de forma notable la modernización de las técnicas agrarias y contribuyeron a los importantes avances de la agricultura en España.

José María Del Rivero nació en Valencia el 27 de mayo de 1918. Estudió en el colegio de San José, de los padres jesuitas, en Valencia, y realizó la carrera de Ingeniero Agrónomo en Madrid, concluyéndola en 1947. Presentó su tesis doctoral en Madrid, en 1961, con el título Las enfermedades carenciales en los agrios. Desde 1948 estuvo casado con Mercedes Zardoya, que ha sido, según sus propias palabras, mujer, colaboradora y amiga a lo largo de toda su vida. Han tenido dos hijos, Elena y José María.

Su actividad profesional se desarrolló fundamentalmente en dos destinos, que se solaparon durante 15 años. Entre 1948 y 1975 estuvo destinado como investigador en la Estación de Fitopatología de Burjassot (Valencia). Entre 1960 y 2004 fue profesor en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos.

En la Estación de Fitopatología de Burjassot colaboró en el insectario y en los diversos trabajos de investigación que desarrollaban D. Federico Gómez Clemente y D. Silverio Planes.

En la Estación de Burjassot se convirtió en la persona que conducía la lucha contra plagas y más tiempo dedicaba a la incorporación de nuevos productos fitosanitarios en la agricultura valenciana. Realizó experiencias en numerosas plagas y cultivos, como moscas de la fruta, piojo rojo y serpeta, rosquilla negra, cucat del arroz, Earias, oruga de la col, escarabajo de la patata y pulgones.

Su labor en la modernización de la protección de cultivos introduciendo nuevas técnicas y productos fue muy extensa. José María Del Rivero participó activamente en la puesta a punto e inicio de los tratamientos cebo por vía aérea para el control de la mosca de la fruta por parte del Ministerio de Agricultura, en los tratamientos con bromuro de metilo para el arroz exportado a Japón, en la introducción del triclorfón como nuevo insecticida contra muchas plagas agrícolas y en particular contra la mosca de la fruta, en el desarrollo de metodologías de ensayos contra la mosca de la fruta y del olivo, en el empleo de trampas luminosas para el  seguimiento de poblaciones de rosquilla negra y el cucat del arroz, en el uso de aceites minerales y herbicidas, en la introducción de los tratamientos aéreos para el control del cucat del arroz, en el control del barrenador de la alcachofa, en la introducción de las nuevas técnicas de Manejo Integrado de Plagas y en la problemática de los ácaros en diversos cultivos. Sus contribuciones al control de Earias en algodonero, que en aquellos años era una plaga limitante, permitieron una gran expansión del cultivo del algodón en nuestro país. Según él mismo manifestaba a menudo, a lo largo de su actividad profesional sufrió dos intoxicaciones con plaguicidas, una con paratión en ensayos contra moscas de la fruta en Portacoeli y otra en Villanueva de Castellón en tratamientos aéreos con fentión para combatir el cucat del arroz.

También son destacables sus aportaciones en el ámbito de la nutrición mineral y la aplicación de reguladores de desarrollo en cítricos. Las aplicaciones foliares con formulados a base de zinc y manganeso, que tuvieron una gran acogida y han sido muy utilizadas por los agricultores, se introdujeron en base a sus estudios sobre carencias de los agrios. Por otra parte, en experiencias en clementinos realizadas en Nules, en colaboración con Pedro Veyrat, se consiguió un notable incremento en el cuajado con el empleo del ácido giberélico. En 1966 publicó este trabajo en Agrícola Vergel (Nota sobre posibilidades de aumento del cuajado en la clementina) y posteriormente se presentó en el Congreso Internacional de Cítricos de Riverside, California, en 1968. Este trabajo representó una notable mejora del cultivo y el ácido giberélico se ha empleado desde entonces para el cuajado del clementino en toda la citricultura española.

En aquella época muchos jóvenes técnicos o investigadores colaboraron con D. José María del Rivero, disfrutando de su excelente trato humano y fueron iniciados en la experimentación agraria tanto en campo como en laboratorio. Como ejemplos podemos citar a Juan Unió, Juan José Tuset, Miguel Roca o Manuel Lafuente.

Su conocimiento del idioma inglés, poco frecuente en aquella época, le permite atender a muchas visitas de extranjeros y traducir bibliografía de todo tipo de temas que se estudiaban en el Estación. Su llegada evita que se tengan que mandar a traducir los trabajos en inglés. También visitantes franceses eran remitidos a don José María, por su dominio del idioma y sus amplios conocimientos en todo tipo de temas. A ello atribuyó el propio D. José María uno de sus rasgos definitorios, su carácter enciclopedista, y su interés y dedicación a todo tipo de temas y ámbitos agrarios en Entomología, Patología, Malherbología, Fisiología Vegetal, nutrición, .…

En 1955 realizó un viaje de cinco meses a Estados Unidos para estudiar las modernas técnicas de lucha contra malas hierbas con herbicidas, así como la protección de cítricos y algodonero contra plagas. En 1957 la Fundación Juan March le concedió una beca para que realizara un estudio sobre las carencias de los cítricos. La Memoria de dicho estudio fue posteriormente publicada en el libro Los Estados de Carencia en los Agrios.

Durante sus 27 años de trabajo en el INIA participó en numerosos cursillos de formación de Aplicadores de Plaguicidas que se impartían en la Estación de Fitopatología Agrícola de Burjassot (Valencia), entre 1948 y 1970. En aquellos cursos se dieron más de 3.000 diplomas. Según sus propias manifestaciones, el diálogo con los alumnos en los cursillos de Aplicadores de Plaguicidas, las consultas de los agricultores y visitas al campo a que daban lugar y los trabajos de experimentación agrícola realizados constituyeron una gran enseñanza para conocer la realidad del campo y llegar a sentir sus problemas como el propio agricultor, desarrollando sus sentimientos de respeto al que trabaja, comprensión y buena voluntad para ser útil. Al percibir que la gran mayoría de sus alumnos se expresaban en Valenciano, utilizaba esta lengua en sus clases y aprendió a utilizarla con fluidez.

Su actividad docente se inicia en 1960, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos (ETSIA) de Valencia. Es uno de los cinco profesores que iniciaron estos estudios, que se impartían al principio en la propia estación de Fitopatología de Burjassot. En los primeros años impartió clase de Fisiología Vegetal, pasando después a Entomología y Patología. En 1970 obtuvo por oposición la Cátedra de Entomología Agrícola. Por aquellos años la ETSIA se integró en la Universidad Politécnica de Valencia y en ella continuó su actividad académica, primero como Catedrático de Universidad y después, desde 1986, como Profesor Emérito. Yo me incorporé a su cátedra como profesor titular en 1978 por expreso deseo suyo y trabajamos juntos durante más de 25 años, los últimos de su actividad. En 1998 la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos dedicó un aula al Profesor Emérito D. José María Del Rivero.

Sus numerosos alumnos lo recuerdan como un profesor original y diferente. No recitaba los temas, sino que dialogaba con los alumnos e intentaba transmitirles su experiencia profesional y la realidad de la agricultura que no está en los libros. Con sus alumnos se preocupaba, no solo de transmitirles ciencia, sino sobre todo de prepararles para la vida, contando problemas y anécdotas de su experiencia personal.

Gracias a su gran curiosidad e inquietud, conocimiento de idiomas y facilidad para escribir, mantuvo estrechos contactos con múltiples investigadores en España y en países de todo el mundo, lo que le permitió acceder a una gran cantidad de información sobre los temas más diversos. A menudo se ha comentado que era una de las personas mejor informadas sobre temas de su especialidad en nuestro país. A ello contribuyó también su memoria asombrosa y su carácter extrovertido, sociable y conversador.

Como ejemplo de sus relaciones internacionales cabe citar las que mantuvo con la Sociedad Internacional de Citricultura y en particular con uno de sus principales impulsores y presidente honorario perpetuo de la Sociedad tras su retiro, el Dr. H.D. Chapman. Su libro "Los Estados de Carencia en los Agrios" fue calificado por el Dr. Chapman como la obra más completa que se había editado sobre nutrición de los cítricos. En 1968 participa y presenta varios trabajos en el Congreso Internacional de Cítricos que se celebra en Riverside (California). Posteriormente, la Sociedad Internacional de Citricultura celebra en Valencia y Murcia el Primer Congreso Mundial de Citricultura. En el marco de dicho congreso, José María Del Rivero realizó una Exposición Documental y Bibliográfica sobre Agrios en España.

Mantuvo también durante muchos años el contacto con el Dr. Jean Lhoste, creador e impulsor Société Française de Phytiatrie et Phytopharmacie, a quien le unía una sólida amistad, así como una eficaz colaboración. José María Del Rivero participó desde su creación en 1965 en todas las Jornadas de Fitiatría y Fitofarmacia Circum-Mediterraneas, dentro del Comité de Organización, como miembro del Comité Permanente o como ponente. Otro de los congresos a los que ha asistido asiduamente desde su fundación ha sido a las Jornadas de Productos Fitosanitarios de Sarriá.

Destacó José María del Rivero por su extraordinaria actividad en la publicación de numerosos artículos y trabajos, fruto en parte de su gran aptitud por la escritura, y en parte de su gran capacidad de trabajo y su dedicación. Ya era conocida su facilidad para escribir durante sus estudios en la universidad y en cierta ocasión el gran periodista Martín Domínguez le dijo que era un periodista nato. A lo largo de toda su vida él mismo llegó a estimar en más de 1.500 el número total de trabajos o conferencias que publicó. Estos trabajos no solo abarcan las más diversas materias, Plaguicidas y Terapéutica, Toxicología, Entomología, Acarología, Patología, Nematología, Fisiología, Nutrición, Agronomía, Fitorreguladores, Malherbología, … sino que tienen también un carácter muy variado, desde los estrictamente investigadores, pasando por los de experimentación, ponencias, libros, folletos, hojas divulgadoras, traducciones y  prólogos. Como ejemplo de su labor divulgadora cabe citar la publicación, entre 1963 y 1990, del Calendario de Cultivo y Tratamiento de los Agrios en el Boletín de la Cooperativa y Caja Rural de San Isidro, Castellón. Autor de los libros Calendario y Guía de Tratamientos en Agrios, Frutales y Olivo, Los estados de carencia en los agrios, El Uso de Plaguicidas, Ejercicios, Problemas y Cuestiones sobre Plagas y Plaguicidas, Tests sobre Plagas Agrícolas y Forestales, Efecto de Factores Naturales y de Origen Mixto sobre los Cítricos, Cítricos en la Memoria: Crónicas y Estudios, Los Frutos Cítricos en Juegos y Adornos, Profesionalización del Agricultor y Formación de Técnicos. Obtuvo varios premios de Prensa Agrícola del Ministerio de Agricultura y poseía la Encomienda de la Orden del Mérito Agrícola. Era Miembro de Honor de la Sociedad Española de Entomología Aplicada y de la Sociedad española de Malherbología.

El progreso de la agricultura española en la segunda mitad del siglo XX ha sido extraordinario. El profesor Del Rivero participó y contribuyó a muchos de los importantes avances producidos en el ámbito agrícola en ese periodo. Formó parte de la época de la expansión y empleo masivo de los fitosanitarios en España, pero desde el principio se interesó también por los problemas asociados y por la lucha integrada

Sus cualidades humanas y personales fueron así mismo extraordinarias. Hábil conversador e interrogador, sus colaboradores bromeábamos de que en pocos minutos era capaz, con su conversación amable y entre bromas, de enterarse de la vida y milagros de los demás. Le agradaba ser tratado con respeto y consideración, y lo conseguía siendo él el primero en ofrecer a los demás ese mismo respeto y consideración. En su trabajo tenía un gran tesón y fuerza de voluntad. Era insistente cuando pretendía que los demás hicieran algo, pero nunca imponiendo con órdenes, siempre insinuando, ayudando y empujando. Casi siempre hablaba  de los demás para elogiarlos, y era el primero en felicitar de forma sincera, franca y abierta a los demás por sus éxitos. Todos los que le conocimos guardamos un recuerdo imborrable de su personalidad única e irrepetible, de su carácter abierto, tolerante, campechano, alegre, con gran sencillez en el trato, sociable y vitalista. Su desaparición no es completa ya que su recuerdo y ejemplo permanece entre nosotros.

Ferran Garcia Marí
Presidente de la Sociedad Española de Entomología Aplicada